jueves, 31 de diciembre de 2015

10 rasgos salvajemente geniales de Cocodrilo Dundee


El mundo cubicular de hoy en día necesita un poco de la filosofía primigenia de Michael J. Dundee.Cómo no tener en cuenta las recetas de vida de este emblemático personaje del cine ochentero. Para quienes no os acordéis de él, allí van un par de pistas: ¿Recuerdas a un tipo que se paseaba por Nueva York con un cuchillo-machete para cazar cocodrilos? Ese era cocodrilo Dundee. ¿Recuerdas a un tipo que dominaba bestias feroces con un truco bosquimano? Ese era Cocodrilo Dundee. 


Dundee representaba la antítesis del morador de las metrópolis urbanas. Un cazador de cocodrilos de las más recónditas llanuras australianas que aterriza en la meca ochentera: Nueva York. De esa comparación, emerge su grandeza: la muestra de la imprenta del entorno salvaje y el 'civilizado'. De la lucha entre lo natural e impredecible contra lo artificial y seguro. De una guerra visual entre la libertad del mundo ancestral contra el epicentro del espacio hermético y jerárquico que poblamos. 



Representa la sinceridad primitiva contra el cinismo civilizado
Dundee, cazador de cocodrilos, es un tipo duro y directo que cambia los pantanos de Oceanía por la alta sociedad de Nueva York. Su retórica viene engastada en el cuchillo-machete que lleva siempre a mano, y se muestra inflexible ante cualquier tipo de pedantería. Tanto es así, que en numerosos momentos de la trilogía se le ve golpear y noquear a diversos elementos de la 'jet set' por su mal disimulado cinismo. Su toque contundente no deja espacios para equívocos en la comunicación. 
 
     Dundee tiene un genio explosivo para con los encorbatados pedantes.


Vive desconectado del reloj
Dundee vive totalmente ajeno a las esferas del reloj y al calendario. Se orienta por la posición del sol para saber la hora en la que está. Su desapego de todo instrumento de medición temporal, le proporciona una tranquilidad del alma difícil de experimentar en una sociedad (la nuestra) donde el tiempo está cartografiado hasta el último instante. Dundee es dueño de su tiempo, no vive esclavizado por él. Y eso se trasluce en la tranquilidad de espíritu que exhibe en cada movimiento.

     Adivinamos una suerte de paz en la vida campestre del viejo Dundee.

 Es el CEO de una desquiciada y original empresa
Este peculiar personaje es co-propietario de la empresa Viajes nunca jamás (por que nunca volverás). Una surrealista que se dedica a ofrecer safaris por los territorios más inhóspitos de Australia, en los que se maneja sin reloj, ni ningún instrumento de medición. Calcula la hora fijándose en la posición del sol y es un experto en encontrar todo tipo de bizarros manjares. Lo más significativo de su filosofía empresarial es: vivir la vida soñada y, además, economizarla.


     Este genial personaje tenía una empresa de excursiones 'mortíferas'.

 
Mantiene el espíritu  entrañablemente decadente de los ochenta
Dundee se mueve elásticamente entre las luces de neón, las licorerías y los pubs abarrotados tan propios de los 80. Ha crecido en la profundida de los pantanos, sí. Pero sabe pisar barra como nadie; apura el garrafón con sabiduría ancestral y siempre salpica la noche de momentos entrañables. Le hemos visto bailar con un cocodrilo disecado o lanzar cuchillos a ciegas en pleno colocón. Pero nos quedamos con su sensibilidad etílica para escoger siempre los antros más cálidos y marginales. 
 
   Amigo del trago y la jarana, Dundee siempre estaba allí para una buena juerga. 

Tiene gran destreza con el cuchillo
Uno de los tópicos en las películas de Cocodrilo Dundee es su compañero: un cuchillo-machete para destripar cocodrilos. Nada desdeñable es su cara sádico-chistosa cuando saca tamaña arma y empieza a vacilar al personal. "¿Crees que eso es un cuchillo? Pues mira esto", le espeta a un joven pandillero que le intenta robar en las calles de Harlem. Y que sale corriendo a marchas forzadas cuando ve el hierro de Dundee. ''Cosas de muchachos'', lo define el viejo Dundee mientras se ríe.

    Dundee al ser atracado: ¿Ohh eso es un cuchillo? No, esto es un cuchillo.

Iconoclasta y supresor de las barreras raciales y de clase
Dundee llega a una Nueva York de los ochenta centrada en el culto al éxito, cuyos siervos discriminan a quienes habitan en los cinturónes de la marginalidad. Dundee no pasa por ahí. Tiene un gancho rápido preparado para los cínico-satrápas y adoradores del poder, que él etiqueta como ''merluzos''. Se encarga de proteger a los personajes extrasistémicos que encuentra en sus paseos por N.Y, formando pequeñas bolsas de resistencia contra la moral nazi-capitalista de la gran manzana.

     Este explorador australiano siempre solía escoger los antros más underground.  
 
Es el señor de las bestias
Gracias a un antiguo truco bosquimano para ejercitar el poder de ''la mente sobre la materia'', Dundee es capaz de controlar las bestias salvajes a su antojo. Lo hace con una mirada penetrante y una serie de gestos que desarman hasta la fiera más enardecida. Fruto de esa habilidad performadora puede interactuar con grandes depredadores sin sufrir ni un rasguño. Esta muestra de misterioso poder de lo salvaje es uno de los momentos cumbre en su rol de hombre de lo desconocido.

Mirada penetrante y dos dedos puestos en cuña, son la parte visible de su técnica.


Sabe tirarse el rollo
Dundee intenta que su estilo de vida le resulte atractivo a su compañera de guión, Sue. Una periodista de Nueva York que estando en Australia dá con la historia de Dundee (había sido atacado por un cocodrilo y sobrevivió 50 días solo en los pantanos). Para ello, no duda en utilizar todo tipo de triquiñuelas: desde simular que se afeita con su cuchillo-machete (cuando en realidad tiene maquinillas) a hacer el duro comiendo iguana. Dundee sabe jugar sus cartas y utilizar la teatralidad. 

   Ante todo, sabe como meterse en el personaje cuando la ocasión lo exige.   
 
Viaja sin destino
Siguiendo el axioma ''el viaje es el camino'', Dundee recorre los senderos sin destino aparente, dejándose llevar por su intuición. Vaga sin rumbo fijo por los confines del planeta por períodos que alguna vez superan los años (no empero, así acabó con su primer matrimonio, según cuenta). Y lo hace desde una óptica altruista y positiva que le lleva a ayudar a todos los necesitados que se encuentra en su camino. ¿En el fondo, no podría ser eso una parábola ochentera de la vida misma?


  Sin destino, ni guía, siempre se encuentra en situaciones originales y cruciales.

Su morada es la naturaleza
Quizás el rasgo que más nos llame la atención de la vida ficticia de Michael J. Dundee es su elección de tomar la naturaleza como morada, alejándose de las junglas de metal. ¿Un gesto extravagante o el signo de la auténtica naturaleza del ser humano? Esa puede ser una de las preguntas esenciales de esta díscola triología, que amenizada por los estereotipos salvajes de Dundee nos transporta a un mundo más auténtico. Y eso nos encanta a los amantes de la aventura. 
 
   La naturaleza: el verdadero amor de Michael J. Dundee.   

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