jueves, 18 de mayo de 2017

El Bruce Lee de las alcantarillas de Bucarest

El frío e inhóspito hormigón de las  calles de Bucarest (Rumanía) esconde un secreto bajo sus entrañas. Tras el empedrado de la urbe, se extiende un submundo de túneles y galerías, habitadas por los llamada 'gente de las alcantarillas'. Su rey, el llamado "Bruce Lee", ostenta el poder en el inframundo de la capital rumana. Un laberíntico lugar donde la heroína es el patrón oro y la solidaridad un eslabón férreo que mantiene la vida en los túneles a flote.

   


Unos seis mil desamparados viven actualmente en las alcantarillas de Bucarest. Muchos nacieron en estos inmensos sistemas subterráneos de aguas residuales, y muchos de ellos se instalaron con su descendencia en este inmenso submundo. En sus escuetos pasadizos, se mezclan las imágenes de santos de la iglesia ortodoxa con un trasiego de hipodérmicas y bolsas para inhalar pegamento dignas del día del juicio final. Su apariencia parece sacada de una rave en las grutas del infierno. Sus moradores son de lo más genuino.

'Bruce Lee' al mando 
Su líder es un controvertido personaje que se hace apodar "Bruce Lee". Por lo que se puede deducir en el clip, es medio padre; medio camello. Pero, sobre todo, un amigo. Su apariencia es la de un villano de Mad Max perennemente enganchado al pegamento. Y sin embargo, ha estructurado a un grupo de niños de la calle para que vivan (¿pacíficamente?) en las vastas avenidas de la que una vez se llamo la 'París del Este' y que Ceaucescu convirtió en una oda al cemento. Juntos recorren las entrañas de la ciudad, escribiendo las normas de su propia República en pleno corazón de Europa.


       El equipo de Bruce  es digno de una selección de los avernos soviéticos.

'Lee' aparece pertrechado de candados, llaves y todo una miriada de chapas de procedencia indescifrable. Sin embargo, es el amo de la ciudad subterránea. El señor de las llaves en un mundo de pasadizos insondables, esquinas oscuras y rostros estriados por la adicción al pegamento. Camina como una figura punk postapocalíptica en un mundo que parece sufrir un invierno nuclear. Sus compañeros le sirven de escolta en su desfile de salida del inframundo. Muchos de ellos son huérfanos (o hijos de ellos) que se quedaron en la calle tras la caída del régimen comunista de Nicholas Ceauscescu.
Criados en la oscuridad
Cuando cayó el régimen comunista de Ceaucescu, había decenas de miles de niños en los orfanatos al cuidado del Estado. En 1990, se descubrió que esos centros eran poco menos que campos de concentración, donde los niños llevaban una vida infame. Esos jóvenes salieron a la calle con la desintegración del sistema y se refugiaron en el submundo de las alcantarillas; el mismo que Ceaucescu creó en su día para mantener a la ciudad limpia y caldeada. 

  ¿Héroe o villano? Probablemente sea ambas cosas y ninguna a la vez.

Es el caso de Nico, el niño que co-protagoniza el reportaje junto a Bruce. Estuvo a punto de morir en las calles, pero se salvó gracias a la ayuda y cuidados del patriarca del submundo. “Somos lo más bajo de la sociedad, pero también somos autosuficientes”, explica el tutor de Nico; mientras su cuerpo lleno de tatuajes talegeros y heridas de guerra se hincha de orgullo. "Somos una familia; con muchos problemas, pero una familia", remata Raluca, encargada de una organización que cuida a la gente de los túneles. Dice que "mataría" a Bruce, sino hubiera "tanta gente que dependiera de él".


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