sábado, 19 de agosto de 2017

Refugios de papel para víctimas de desastres

El arquitecto japonés Shigeru Ban se ha convertido en una referencia internacional gracias a su ejercicio de la arquitectura, basado en materiales etéreos y reciclables como el papel o el cartón. Sus creaciones parecen trazos de ligereza en un contexto lleno de pesadumbre. Porque, la labor solidaria de Ban le ha llevado a recorrer el mundo, diseñando refugios sostenibles, con calidades reciclables, para las victimas de todo tipo de desastres. El arquitecto japonés se ha convertido en una suerte de caballero andante que recorre el mundo prestando sus diseños a los más desfavorecidos.


Su arquitectura altruista alrededor del mundo comenzó en 1994: horrorizado por el genocidio de los tutsis en Ruanda, decidió proponer a la Organización de las Naciones Unidas unos refugios hechos por él. La ONU le contrató entonces como consultor después de que les propusiera construir refugios hechos con cilindros de papel para albergar a los refugiados de este país centroafricano. Veinte años después, recibiría el prestigioso galardón Pritzker (el equivalente al Nobel en el campo de la arquitectura). Por su “incansable trabajo”, trasladando las innovaciones arquitectónicas a los más perjudicados.

Papiroflexia nivel dios para cambiar el mundo
Una vez dentro del campo de la ayuda humanitaria, Shigeru Ban se convirtió rápidamente en un referente por su manera de entender la arquitectura. Tras el terremoto de 2009 en L'Aquila (Italia), creó un auditorio reciclable para que los músicos de la orquesta local pudieran seguir tocando. Ya había hecho algo similar; cuando creó en 2008 aulas temporales para los afectados durante el terremoto de Sichuan (China). Su obra se caracteriza por el uso de materiales no convencionales como papel o plásticos. En su primera obra, El árbol de papel, utilizó grandes tubos de celulosa a modo de columnas.


  Las casas de Shigeru para el terremoto de Kobe estaban hechas de cartón reciclable.

“Después de convertirme en arquitecto, estaba muy decepcionado con mi profesión. Porque, casi siempre estamos trabajando para gente privilegiada con poder y dinero”. Así, explica Shigeru cual fue una de sus principales motivaciones para dedicarse al mundo de la ayuda humanitaria. Una vocación que le ha llevado a conquistar premios tan importantes como el Pritzker en 2014 (el equivalente al Nobel de la arquitectura) por su “incansable labor humanitaria”. Ese mismo año, la prestigiosa revista Times lo etiquetó como “uno de los personajes más influyentes del globo”.

20. 000 viviendas para refugiados en Kenia
Shigeru Ban sigue muy implicado en su labor humanitaria; ahora más que nunca, tras firmar un acuerdo con ONU-Habitat (la agencia de Naciones Unidas encargada de promover asentamientos humanos sostenibles) para diseñar 20.000 nuevas viviendas en el campo de refugiados de Kalobeyei en Kenia. En la actualidad, ya viven más de 37.000 en este refugio y se calcula que en un año lleguen más de 15.000 personas. Por lo tanto, el diseño sostenible de Shigeru, basado en la arquitectura tradicional japonesa, servirá una vez más para dar cobijo a quienes más lo necesitan.

        

     Shigeru promueve un estilo de construcción que utiliza solo materiales sostenibles.


Para Shigeru, el cartón es un material ideal para la construcción: “Es estable, muy barato, puede encontrarse en cualquier lugar y es 100% reciclable. Siguiendo la tradición japonesa, que busca mantener el universo en armonía, Shigeru utiliza materiales naturales para que el interior de la vivienda esté en armonía con el exterior. Un ejemplo de su trabajo son las las elegantes casas que construyó en 1995 para los supervivientes de la ciudad de Kobe; compuestas de tubos de cartón y techo de tela blanca, fueron construidas sobre canastas de cerveza para facilitar su eventual desmantelamiento.

Más locuras arquitectónicas que construirán el mañana:

martes, 15 de agosto de 2017

Google maps servirá para luchar contra la esclavitud en la India

La India es el lugar con mayor número de esclavos modernos del mundo. De los 46 millones de trabajadores forzados del planeta, 18 de ellos viven en la antigua península de los maharajás. Detrás del gigante indio, se encontraría la China con 3.3 millones de humanos en situación de laboralidad obligatoria. Ahora, un grupo de investigadores del grupo Rights Lab ha creado un proyecto llamado “Esclavitud desde el espacio” donde se investigan las zonas (especialmente del Rajastán indio) donde se concentra esta practica tan denostable. Las duras minas de ladrillos del desesierto del Rajastán, el área que más esclavos concentra.


Betthany Jackson y Jessica Withdraw, investigadoras de la universidad de Nottingham a cargo del programa, tienen claro que esta será una manera para luchar mucho más eficientemente contra esta practica. “Para luchar contra las esclavitud, las ONG normalmente tienen que pisar el suelo del país en cuestión. Ahora, las imágenes del satélites nos permitirán encontrar los lugares donde los derechos humanos no son respetados”. Un desafío complejo en un mercado de la construcción India; el tercero más grande del mundo, que este año moverá 1 billón de dólares.

Paletas a golpe de látigo
Parece que la India está financiando gran parte de su explosivo crecimiento urbanístico mediante el chasquido del látigo al estilo antiguo Egipto. Las fábricas del país, que ocupan a 23 millones de trabajadores, son el punto de partida hacia la vida del yugo. Cuando un jefe de familia de un área rural acepta ir a trabajar a una fábrica, toda su familia le sigue normalmente. En estos poblaciones industriales (nunca vayas a Ghorakpur, querrás morir) se forjan los primeros eslabones de la cadena.


     Se calcula que hay entre 13 y 14 millones de niños esclavos en el mundo.

Es entonces cuando se pone en marcha un esquema tan antiguo como los faraones: el de la deuda. Cada trabajador que entra en la fábrica contrae una deuda por el material de trabajo, el alojamiento, la comida... Todo obviamente fluctúa al alza hasta que un buen día el trabajador se da cuenta de que está endeudado y no puede pagar su deuda con su trabajo. Entonces, recluta a alguien de su familia para que trabaje con él y mejorar la calidad de vida de la familia. Se crea más deuda. Así, hasta que estén legalmente esclavizados.

Tú también puedes participar
Lo mejor de esta tecnología es que sus desarrolladoras, Betthany Jackson y Jessica Withdraw, la han abierto al público gracias a la plataforma Zoomuniverse, que busca voluntarios para monitorizar las fábricas de ladrillos en tiempo real. La idea es crear un gran registro de información que luego será transmitida a las ONG y al gobierno de la India para presionar a los líderes del gigante asiático. Que, por cierto, han declarado ya a Google maps como "una herramienta de análisis geográfico no valida".


    El análisis de esta investigación se centra, de momento, en Rajastán indio.

Los promotores de esta investigación de la universidad de Nottingham han recibido peticiones para que se incluyan en los parámetros de búsqueda otras zonas esclavistas como: las fábricas de opiaceos del triangulo de Oro, refugios militares de señores de la guerra en centroáfrica. O grandes extensiones mineras en la amazonia. De momento, sus promotoras (cuyo proyecto estaba centrado en el análisis geográfico) han puesto sobre la mesa una gran herramienta de cara a cumplir el objetivo de las Naciones Unidas para 2030: eliminar la esclavitud.

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sábado, 5 de agosto de 2017

Tenemos tres años para salvar al planeta

Seis científicos y diplomáticos de renombre han publicado una carta urgiendo a gobiernos y empresas a modular su comportamiento “antes de que sea demasiado tarde”. En su comunicado, resaltan que un planeta devastado por el cambio climático puede parecer fruto de un futuro distante. Pero, dejan claro que “la Tierra ya está experimentando los efectos hoy”. Las consecuencias del calentamiento global ya incluyen un aumento del 50% de los océanos en las últimas dos décadas. O los tres años más calientes de la historia de la humanidad. Todo, según la carta, se debe al aumento de 1º grado de la temperatura global a causa de la acción del hombre. El panorama da miedo: ecosistemas enteros colapsándose, arrecifes enteros muriendo a causa del estrés y glaciares fundiéndose a todo ritmo.


Y es que los seis sabios de esta misiva, entre los que se encuentra la jefa de medioambiente de las Naciones Unidas, Christiana Figueras, o el prestigioso oceanografo alemán Stefan Rahmstorf, advierten a quema ropa de que ''es nuestra última oportunidad''. Es para pensárselo. Su carta contiene un presupuesto de cuántas toneladas de Co2 podemos emitir antes de que el cambio en la temperatura del planeta sea imparable. No es mucho tiempo. Si no reducimos las emisiones en los próximos tres años, la gráfica del cambio climático no dejará de subir hasta que seamos polvo. 

Punto de no retorno, final del camino
Esta carta (que más bien es un estudio) muestra una gráfica de cuántas gigatoneladas de dióxido de carbono podemos lanzar a la atmósfera antes de que la temperatura suba de 1.5 a 2º (lo que sería fatal). Así, vemos que si empezamos a descender seriamente YA podríamos aguantar hasta medidados de 2045. Si seguimos creciendo hasta dentro de tres años, rozaremos el punto de no-retorno en 2050. El estudio pretende mostrar un esquema de reducción de las emisiones acompasado con la economía para que la ausencia de elementos que producen Co2 no sea catastrófico para la economía global.


La parabola del gráfico muestra el descenso paulatino en el eje tiempo/final del presupuesto.

Nuestro presupuesto es de 600 gigatoneladas de Co2. Una vez pasada esa barrera (en los próximos años), comenzará una escalada de la temperatura que llevará a un fallo 'multiorgánico' del planeta. Nuestra orbe se asaría. Sin embargo, el estudio no está extento de buenas noticias: en los últimos tres años, las emisiones de Co2 se han mantenido prácticamente estables. Planas. La Agencia Internacional de la Energia (IEA) ha pronosticado que, para 2020, de un 26 a un 27% de los recursos energéticos podrían provenir de energías renovables.

6 pasos para evitar el desastre
Carbontraker (“rastreadores de carbón”), un grupo de analistas de la prestigiosa universidad estadounidense de Yale, lanza una mano con 6 cartas para evitar que nos pasemos del presupuesto de Co2. La primera de ellas: las energías renovables tendrán que proporcionar el 30% de la energía global para 2020. La segunda: las ciudades se tienen que 'descarbonizar'. Más transporte público y bicicleta; y menos coches. Tercera: reducir un 12% la deforestación para sumar el apoyo reciclador de las grandes masas forestales. 


 Descarbonizar la economía global requerirá grandes granjas solares como esta de Nevada.

Cuarta: un descenso del 20% en los gases contaminantes de aviones y vehículos pesados. Así como, una mayor eficiencia de los automóviles convencionales. Una medida, que debería ir acompañada por un aumento del 1% en el mercado de los eléctricos. El estudio también pone en relieve que las industrias con uso extensivo del carbón como la metalúrgica deberían acompasar su ritmo a los objetivos de disminución de emisiones. 

Y por último, el mundo de los bussines debería poner 1 trillón de dólares para la lucha contra el cambio climático. Casi ná. 

Descarbonizando que es gerundio: 

En las entrañas del edificio TOTAL

Sabe donde vives. Que coche conduces. También, con quien te reunirás hoy o con cuanta azúcar tomas tu café. ¿Tu llave para entrar en esta fortaleza cibernética? Una aplicación de móvil. La misma donde podrás programar la temperatura de tu espacio de trabajo o el grado de luminosidad ideal. Hablamos de The Edge (“el borde”) el ultramoderno edificio de la consultora Deloitte en Amsterdam donde el Internet de las cosas se funde con un exquisita estructura digna de ser un ejemplo para el futuro. 


martes, 1 de agosto de 2017

India quiere trenes sin huella de carbono

¿Quién no recuerda la imagen prototípica de un tren indio en la planicie tras una densa humareda?
Ahora, en esa imagen, podría pertenecer al pasado hindú gracias a los planes de la estatal Indian Railways: quieren convertirse en el primer sistema ferroviario del mundo con huella de carbono 0. Para conseguirlo, ha renovado parte de sus trenes (con motor diésel) por unos atractivos convoys hibridos que funcionan a electricidad y gasoil. Los paneles solares son el arma verde de estos vehículos: están colocados en el techo y proporcionan una energía extra que equilibra el consumo.